DEL AMOR AL ODIO

                                               

            Aquellos días Mariza no había tenido suerte. Cómo se complica la existencia, cuando una estuvo siempre atareada, para entregar al marido la vida, sin pensar en sí misma. Su mente era un caos terrible, buscaba y rebuscaba, sin encontrar por dónde o por qué, provino la causa de su desamparo, ni cuál iría ser la solución a su problema, que le había llevado a la situación en la cual desesperaba, al no encontrar qué hacer.

            Tanto como lo había amado, por tierno y cariñoso como comportara, en los días cuando anduvo conquistándola. El cuartucho donde se había metido a refugiar, con seguridad era donde se quedaría a dormir la muchacha, cuando contrataran alguna. Era uno colindante, enclavado en el jardín de la casa de su amiga Clotilde, la cual más bien, forzada por la amistad, había permitido quedar a refugiar, no sin antes aclarar expresamente.

            - Por unas noches solamente. Pero diario deberás salir de aquí temprano. No quiero tener líos con mi marido. Lo sabes. Él no tolera eso de ver separada una mujer del marido... Aunque como en tu caso, él sea el verdadero culpable de la ruptura.

            Qué razón tenía. Apenas se había separado de Joaquín, el hombre que todo mundo conocía como su esposo. Le había admirado antes y todavía reconocía sus méritos. Un profesionista exitoso que manejaba las finanzas con tan buena racha de triunfos, cuanto a ella parecía fuera un mago, en eso de las cuentas, las cuales llevaba al dedillo, con tan buenos resultados. No es que lo hubiera visto, más bien adivinaba, con sólo escuchar los comentarios, que los beneficiados con sus manejos exponían. Siempre alabando y lanzando loas, respecto enaltecer sus habilidades. Qué de elogios y frases de convencimiento.

            - Tu marido es el hombre más ducho en finanzas, que exista en ésta zona. Felicidades, Mariza, tienes en él, un tesoro invaluable.

            - Mis respetos para un hombre tan cumplido como es don Joaquín. Íntegro a carta cabal, no hay otro como él. Ojalá se postulara para alcalde, seguro ganaría las elecciones, es un hombre de lo más recto y responsable. Él sí está hecho a pura ley.

            - Si hubiera al menos dos banqueros imitando a don Joaquín, conscientes que el crédito sirve para fomentar el progreso, seguramente nuestra ciudad ya hubiera cambiado por completo, quitando esos cinturones de miseria que tanto afean esta urbe, que no por nada, pero en manos de alguien como él, que lleva una conducta impecable, ya hubiera podido entrar al primer mundo. No tolera siquiera una pequeña desviación de las normas sociales y morales. Todo un ejemplo de comportamiento.

            Comentarios iban y venían. Ella sólo escuchaba. ¿Su esposo era todo eso? ¿Un prodigio...? ¿Un ejemplo a imitar? ¿Sí...? Sólo ella sabía su realidad, por vivirla estrechamente. Quizás por eso solamente aguzaba los oídos.

            No negaba sentir un cierto orgullo, pero de ninguna manera compartía cuanto la gente pensaba. A su criterio, simplemente eran elogios dirigidos hacia una persona totalmente desconocida para ella. Bien recordaba lo que había ocurrido a últimas fechas. Su marido llegaba a diario muy extraño.

            Sólo entrar en casa, pareciera despojarse de la máscara de felicidad que presentaba en la calle, para colocar otra diferente, en la cual, lo odioso nadie se lo quitaba. No fue una vez ni dos... ¡No...!  Era continuamente.

            Y ella como su mujer, viviendo en la intimidad con él, debía no sólo soportar aquellas muestras de desquicio, sino sufrir siempre temiendo, con el corazón batiendo intensamente sólo de verlo, debido al pánico que a últimas fechas le había infundido. Estaba tensa, siempre al alba, no fuera pasársele la mano, cuando menos lo esperara. Pues vaya si tenía razones para temer las agresiones.

            Todo comenzó el día, cuando luego una reunión, dizque privada, Joaquín conoció una dama, al parecer una Modelo, Asuntillo que supo, gracias al telefonazo que su amiga Andrea, quien trabajaba en el despacho como secretaria, hizo favor de hacer, para exclusivamente informar a la mujer, del inicio de una nueva aventura de su marido, previniendo a ver si no resultara, terminando en un romance más, de los muchos que antes le había conocido.

            Llegó el marido al hogar, todo cargado de razones. Ese día, cuando ella por los nervios que sobrevinieron, no pudo acomodar correctamente los cubiertos en el lugar de la mesa del comedor, donde sentaba para recibir los alimentos, simplemente explotó en denuestos e insultos.... ¡Válgame Dios...! ¡Qué no dijo...!

            Su boca, bien lo conocía, cuando estaba irritado, era una cloaca, a través la cual esputaba textualmente, los peores anatemas y procacidades, más acordes a una pelea iniciada en una taberna de tercera, no a un hogar establecido en toda forma.

            Mariza sólo escuchó. Trató de no hablar. No quería intensificar el odio que podía captar, cuando arrojaba el marido injurias contra ella. Así estuvo aguantando, hasta cuando finalmente el cónyuge salió de casa, dando un portazo que hizo retumbar todo, al grado hacer caer más de algún adorno, de aquellos colocados en el trastero. Por obvias razones, dejando la dama, literalmente aterrada. Y muy agitada, por no saber si desquitar, o quedar en calma, pensando luego recapacitaría, por el amor que suponía, aún existía entre los dos. Ya después, a pesar su prudencia, tal situación prolongaba. Por quítame estas pajas, era puesta como chancla.    Por más fuera sensata y callara, puesto ni había reclamado, menos mencionado estar enterada del affaire que comenzaba, aquello convirtió todos los días, en una orgía.

            Más no de deleites, sino de pánico, siempre vertiendo estupideces, lanzadas a diestra y siniestra contra todo. Y Mariza aguantando Esa ocasión sólo pensó no hacer más grande el desquicio. Al grado se decía molesta. Ultimadamente si anduviera con la jovencita...

            ¡Cosa muy suya! Pero no. Recapacitó. Sabía no era cosa de él exclusivamente. Era cuestión que atañía a los dos. Los dos iban navegando en el mismo barco. Si uno hundiera, arrastraría al otro. Y pues ni modo, creyó en alguno debía caber la prudencia. Por ello una y otra vez aguantó el chubasco. Como el día cuando recibió en su falda, el plato aventado con la sopa caliente, lo cual no dolió tanto, como fue el observar la actitud de odio que destilaba el hecho.

            Intuyó claramente, su hombre había cambiado por completo. Ahora lucía ya no el mascarón de bonachón con el que la conquistara, sino la horripilante máscara de hombre virulento, que actuaba mordazmente, por sentir estar atado, y no encontrar cómo compensar su desilusión, al no poder correr tras el juguete nuevo, significado por la Modelo, que apenas conociera en la última reunión.

            Bueno, se decía ella, pero si en esta ocasión ni siquiera reclamó. Si acaso, pensando en salvar su matrimonio, exclamaba para sus adentros.  - Ya se le pasará! – Aunque eso, ni ella misma lo creyó

            La última oportunidad de estar juntos, fue cuando colmó el vaso, de por sí ya lleno hasta el tope, o como vulgarmente se dice, le estaba llenando el buche de piedritas.

            Esa ocasión no había hecho nada. No por no querer hacerlo, sino por buscar conservar su integridad, junto con su dignidad, las cuales estaban en entredicho, y ella tenía las dos en gran estima. Ocurrió cuando había llegado el hombre, en apariencia calmado.

            Aquí se debe exponer algo fastidioso, sucedido anteriormente. Había por ahí alguien, un sujeto completamente desconocido, pues ni siquiera sabía quién fuera, el cual había dedicado a molestar por el teléfono, buscando aparentemente concertar una cita con ella, añadiendo... ¡Para conocerse!

            Obviamente Mariza al inicio, sin saber se trataba de un acoso, había educadamente conversado con el susodicho fulano, pensando llamaría para otro asunto, por lo cual, dos o tres veces estuvo ingenuamente respondiendo sus preguntas, sin llegar a descubrir sus verdaderas intenciones. Cuando ya entendió de qué se trataba, y por dónde quería llevarla, simplemente colgaba el auricular A últimas fechas ya ni contestaba. ¿Cómo iba hacerlo? Si era una mujer casada...

            Su orgullo siempre fue, a pesar el genio que últimamente lucía Joaquín, no haber fallado en nada a su compañero. ¡Cualquiera que dijera lo contrario, mentiría a boca abierta! Pero aquél tipo era insistente. Una vez y otra, hablaba y hablaba, creyendo - eso supondría, - que gracias la insistencia, posiblemente algo conseguiría.

            Mariza estaba mal con dicha situación, en la cual era víctima, de un acoso telefónico, no cómplice de una falla. Sólo el horno no estaba para bollos. Por razones obvias, no pudo dar constancia de cuanto pasaba a su marido, dado a últimas fechas, el hombre andaba de un genio.... ¡para qué te cuento...!

            Pensaba sin mucho convencimiento, ya se le pasaría a ese fulano, ese calentamiento de cautín. Bastaría con no hacer caso y ni siquiera tomarlo en cuenta. Nadie aguanta el desaire durante largo tiempo. Bueno. Era su pensamiento. No tenía idea de quién se trataría, aquél impertinente.

            Lo que no tomó en cuenta, fue que un día, su esposo sólo de llegar, descolgó el teléfono. Lo que pocas veces hacía, esa ocasión puso a revisar el buzón de los mensajes. ¡Ahí ardió Troya!

            La mujer estaba muy tranquila preparando la comida en la cocina, sin siquiera sospechar que la trampa estaba bien tendida, a punto descargar el golpe. Y ella por estar ignorante de las maquinaciones, no podía sospechar que su marido la hubiera descubierto, Lo cual sería pretexto, para lo que vendría luego.

            Obviamente "el ofendido", en seguida atacaría por el punto más débil que tenía aquella, a quien buscaba aburrir cuanto antes. De repente tras de sí, escuchó la voz agria de su marido, gritando sin consideración, con las más soeces palabras que encontró.

            - Ahora mismo me dices quién es ese fulano que te dejó el mensaje.

            Asombrada, no sabía qué decir, simplemente por no entender de qué hablaba. Joaquín le arrastró de los cabellos, la llevó al teléfono, donde hizo escuchar el famoso mensaje comprometedor, que como ella hacía diario, ni siquiera había escuchado. De otra forma, por supuesto lo hubiera borrado.

            A partir el momento de oír cuanto aquél fastidioso había grabado, supo que su marido tenía en su haber, un argumento más firme para molestar a fondo. Pensó si hablando, tal vez al aclarar, con eso terminara el asunto. Trató hacerlo, intentó por todos los medios, calmar al marido furibundo sin lograrlo. ¡Nada...! ¡No escuchaba razones...! ¡Al contrario! Iba enfureciendo cada vez más.         Una cachetada dada con toda la furia y fortaleza, corroboró lo que temía.

            ¡Su marido estaba fuera de sí! No por celos, sino con odio, porque hasta sus ojos despedían chispas. Si a eso se añade qué ocurrió después, dado al recibir el golpe cayó de lado, quedando en posición vulnerable, permitiendo al energúmeno dejarse ir a fondo, buscando dañar - y diría luego, - tal vez matar, supo al recibir una patada en pleno vientre, lo que ya se puede intuir, pues lo menos que pensó, fue que ahora la furia iba en serio. Difícilmente se pararía, tratando librar un nuevo golpe, que estaría dañando peor, si no pusiera pies en polvorosa. Ahora sí ¿Qué hacer? ¿Controlarlo? ¡Ni pensar! Este hombre no entendería. Estaba vuelto un diablo. El peligro la hizo reaccionar.

            No supo cómo, pero aventando una silla, hizo trastabillar al fulano, mientras ella aprovechó para salir del trance huyendo. Ya no esperó a ver si se calmaba. Comprendió de lograr hacer la huida, dependía su vida. Esa era primordial salvarla. Ya después vería qué ocurriera, pues de momento el hombre estaba ciego. ¿Y ella...? Misterio del corazón humano que siempre disculpaba sus absurdos. Pero esta vez por fin sintió, que algo muy dentro se desgarraba en su interior.

            A diferencia otras veces, comenzaba a sentir ya no afecto, sino un principio de rencor, por no decir de odio, provocado por la desilusión de ver derrumbado el ídolo que antes adoró... ¿Qué..? ¿Ese era el hombre que había prometido protegerla?

            ¿Acaso por un desliz ni siquiera cometido, explotaba al grado de golpear y tratar de asesinar? Porque los golpazos no fueron para menos. Y lo peor de todo no era eso, sino saber exactamente, que la causa que promocionaba tal reacción, no era por ella, sino por él, quien buscaba deshacer y anular cuanto antes, a la mujer que estorbaba para quedar en libertad para introducirse de lleno en el nuevo affaire...

            ¡Qué desilusión! Fue cuando entendió, el corazón si bien tiene sus principios, también cambia llegado el momento, cuando es imposible ponerlos en práctica. No quedaba de otra, sino agarrar el toro por los cuernos.

            Si lo que fue hasta ahora, ya no era posible continuar con ello, dado las circunstancias orillan para adaptar, no para aguantar, mejor darse un lapso de tiempo, algo así como una tregua, para reflexionar hasta comprender la magnitud de la tragedia que avecina y coacciona, la cual ya no es posible detener, pues se la ve avanzar amenazante.            Efectivamente salió huyendo. Como pudo llegó donde había dejado estacionado el automóvil, el cual no pudo abrir, menos echar andar, por no contar con la llave. Luego temiendo que el hombre desquiciado llegara donde estaba, salió corriendo, logrando perderse entre la muchedumbre, que a esas horas deambulaba por la calle.

            Fue como llegó a casa de Clotilde, su amiga. Una mujer bien casada, en un matrimonio que nada desdecía el afecto que sentía hacia su marido. Con ella desahogó su pena, contó sus cuitas. Pidió diera por mientras alojamiento, en tanto pensaría la manera de ver, cómo actuar mientras las cosas se calmaran, pues conociendo a Joaquín, no dudaba que luego la buscaría, probablemente arrepentido.

            Pasó el primer día y el siguiente. Estuvo comiendo con la amiga, aprovechando cuando el hombre de la casa estaba ausente, por haber vuelto al trabajo. Pero al tercero, decidió era indispensable saber algo. Así lo dijo y aventuró a salir a la calle. Por ahí anduvo deambulando, dirigió sus pasos hasta encontrarse con Andrea, a la hora que ella salía a mediodía. Por ser amigas, la puso al tanto de cuanto había sabido.

            Cómo dolieron sus palabras cuando escuchó la respuesta a lo que interrogó.

            -¿Sabías que Joaquín, se llevó la Modelo a tenerla en tu casa?

            Perdona amiga, esos dos te están haciendo una marranada, Pobre de ti, pero debo decirte todo. El día que te fuiste, llegó tu marido muy ufano, felicitó a quien se supone es su ayudante, como quien dice, su brazo derecho. Los dos se dieron la mano, brindaron por haber logrado que te fueras sin mayor problema.

            Él fue quien por encargo de tu esposo, estuvo llamando a tu casa para hacerte caer en el garlito. Como no caíste, decidió precipitar las cosas. Por eso ese día fue directo al teléfono a escuchar el mensaje. Lo demás ya tú lo sabes. Ahí tú sabrás lo que quieras hacer. Yo sólo te pongo al tanto, pues no creo sea justo, lo que te están haciendo.

            Estuvo a punto de caer desamayada. Sintió como si ocurriera algo terrible en su cerebro. Un asomo de pulsaciones percutieron en su cabeza. Golpeaba la sangre caliente acelerada, la cual de repente hizo sentir, que todo le daba vueltas. Por ende haciendo temblar a todo su cuerpo. Sólo supo conscientemente que pelearía, ya no por amor hacia el sujeto, sino ahora sí, por sentir un odio declarado, que desde el interior clamaba venganza.

            Y si todavía hasta hacía poco conservaba la esperanza de arreglar todo, comprendió todo había cambiado. Al sobreponerse al primer vahído, que no llegó a presentar repercusiones por haberlo superado, supo qué debía hacer,

            En adelante convertiría en fiera. Como bien dijo a su amiga, iría a buscarlo. Ahora sería ella quien hablara. El amor había pasado. Su marido vería en ella, no más una mujer sumisa que tolera y permite ser golpeada. Sino una bestia bruta, no en celo, sino encelada, pues finalmente había comprobado, que se había incubado en ella una verdad que ahora la pondría en práctica...

¡DEL AMOR AL ODIO, NO HAY MÁS QUE UN PASO!

 

 

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Comentario por MARGARIDA MARIA MADRUGA el octubre 21, 2019 a las 2:42pm

Y una vez que se instala el odio ... nunca más. Por unos pocos.
La mayoría de las mujeres no están orgullosas de sí mismas.
Volver y ve de nuevo el problema.
Aquí solemos decir:
"Es la esposa de un policía. Le gusta que la golpeen".

Comentario por juan ignacio arias anaya el octubre 9, 2019 a las 4:49pm

Laura C. 

Este tipo de trato, se repite continuamente. 

Lo peor de todo, que la mujer aguanta, pero cuando saca la casta, es peligrosa. 

Saludos 

Ignacio 

Comentario por juan ignacio arias anaya el octubre 9, 2019 a las 4:48pm

Hugo 

Cierto que he acostumbrado a mis lectores a solo pequeñas Pinceladas, aportes sobre todo en leyendas. 

Pero un escritor es algo más que eso.  Tengo 120 novelas escritas y muchos textos breves 

Lástima que por el espacio, no sea posible dar a conocer todo. 

Saludos 

Ignacio 

Comentario por hugo el octubre 8, 2019 a las 1:21pm

¡Estupendo relato, mi estimado Juan Ignacio! Lo leí de un tirón, aunque, antes de hacerlo, evalúé su extensión y me dije: ¿por qué no leerlo ahora mismo? Ya ves el resultado. Abrazo sureño y mis FELICITACIONES por tu escrito. 

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