RELIQUIA FAMILIAR.

El recuerdo más preciado de mi familia paterna lo conservo en mi hogar, un baúl propiedad de mis bisabuelos José Felipe Antonio Navarro Orejarena y Claudia García Prada, heredado por mis abuelos Basileo Elíseo Navarro García y María De la Cruz Rueda Gómez, después de su muerte fue propiedad de mis tíos Arístides Navarro y Zenaida Acevedo, seguidamente de mis padres Reynaldo Navarro y María Emma Correa, y ahora este legado tan importante reposa en la sala principal de mi casa.

Lo guardo como una reliquia por ser una pieza elaborada en el año 1890 en la provincia de Navarra España con un valor muy significativo para toda la familia.

Mi bisabuelo Felipe vivía en el Socorro Santander Colombia, tierra donde arribaron cientos de españoles trayendo con ello objetos importantes para sus hogares como los  baúles de madera de cedro forrados externamente por una gruesa lámina de aluminio liso y en el interior  terciopelo rojo, horma grande de 1.20 mt. de alto x 1.50 mt. de ancho, cerraduras de cobre, llave pico de loro y agarraderas laterales para su fácil transporte por caminos de herradura, conducido por  peones que soportaban el peso de todo cuanto allí se guardaba como:  (Ajuares, ropa de cama,  vajillas de cristal, vasijas de plata y muchas cosas más). 

Un hacendado español que vivía en el Socorro y  regresaba para su tierra natal  decidió subastar  sus pertenencias en la plaza principal del municipio,  y al ver mi bisabuelo este cajón con agarraderas como ellos solían llamarlo le pareció interesante comprarlo  para  conservar en él,  todas sus pertenencias valiosas,  ellos en pocos días partirían para la Fuente Santander y pasados varios años se radicarían en el municipio de Betulia,  fue así  que al llegar a casa con el baúl  mi bisabuela Claudia encantada sobremanera con este valioso y servicial regalo,  le preparó en agradecimiento un delicioso almuerzo con gallina criolla y quizá algo más le daría esa noche porque  las mujeres santandereanas somos felices con pequeños detalles que enamoran.

 Mis bisabuelos después de vivir en la Fuente   se trasladaron a Betulia hasta sus últimos días  trayendo al mundo tres hermosos hijos: Eliseo, Claudia y Luis Felipe, el menor de ellos Luis Felipe a la edad de 16 años se voló de su casa y jamás volvieron a tener noticias de este muchacho, conocidos y familiares afirmaban que estaba en la Costa Caribe y se había casado con una mujer oriunda de esas tierras conformando una familia numerosa, pero solo fueron especulaciones.   Claudia o la tía Caya como todos solían llamarla, se casó con un joven oriundo de Zapatoca de apellido Calderón, pero luego viajaron a otro departamento y se perdió el rastro de ellos.  Eliseo era el mayor casado en Betulia con la joven María de la Cruz Rueda engendrando al mundo un semillero bien numeroso de juiciosos, simpáticos, amables y trabajadores hijos que hoy están esparcidos por todo el mundo.

Al fallecer los bisabuelos, el baúl pasó a propiedad de mis abuelos Eliseo y María de la Cruz único hijo que residía con ellos, dándole igual utilidad, en el guardaban la ropa de cama y camisas del abuelo planchadas con carbón de leña y almidonadas con harina de yuca. De la unión de mis abuelos nacieron varios hijos: Humberto, Carmen, Gonzalo, Celso, Arnulfo, Eliecer, Agapito, Raquel, Débora, Reynaldo, Octavio, y Elio. Todos contrajeron nupcias con personas oriundas del pueblo y lugares aledaños a este y cada uno le dio varios nietos de regalo. 


El abuelo Eliseo murió muy joven y mi abuela quedó con sus hijos a cargo de todas las propiedades: fincas, casas y demás, sus hijos se casaron y partieron a otros lugares   quedando solita en la casa del pueblo  (Primer casa construida en material en la acera del parque principal al lado de la Alcaldía municipal)   Permanecía  acompañada de una de sus nietas hasta  enfermar   gravemente  y su hija menor  quien  permanecía aún soltera decidió renunciar al trabajo para brindarle su compañía en estos  momentos  viviendo con ella hasta su fallecimiento.  Mi abuela era muy estricta en su forma de ser  pero una gran señora, jamás se volvió a casar y la familia creció a tal punto que hoy la conforman más de 100 nietos, 300 bisnietos, 100 tataranietos y varios choznos (Hijos de tataranietos)...
Mi tío Arístides  uno de los hijos menores y de los más queridos por la familia,   contrajo nupcias con una hermosa dama llamada Zenaida Acevedo,   hija de una reconocida familia Betuliana  (Fue el único de los hijos que no le dio nietos). Él vivía en su finca el Placer una vereda del pueblo parte rural y en una visita a mi abuela le dijo que  necesitaban un baúl como ese para guardar las cosas en su casa, lo cual accedió a regalárselo porque ella había adquirido unos escaparates de madera a unos mercaderes que visitaron el municipio y aseguraba ser más prácticos  y mi tío  inmediatamente  llevó el baúl para su finca. Con el pasar del tiempo se trasladaron a vivir a Girón Santander donde instalaron una tienda de víveres laborando en ella, pero la enfermedad azotó a mi tía Zenaida hasta conducirla a la muerte quedando solo, sin hijos y  muy enfermo lo cual decidió marcharse con las pocas pertenencias después de hacer la respectiva sucesión hereditaria con la familia de su esposa sobre el patrimonio ya que ellos no tenían hijos y en este caso hay que cumplir las leyes sucesoria-les.


Con las pocas cosas que tenía llegó nuevamente a Betulia ilusionado en adquirir una casita donde vivir y mientras, arribó por unos meses a la residencia de su hermano Reynaldo (mi padre)  ellos  siempre habían tenido buena amistad,   Reynaldo era  excombatiente de la Guerra del Canal de  El Suez, había sido parte del grupo Batallón Colombia en el año 56; El y un grupo de soldados fueron por nueve meses al lejano oriente a  combatir contra Israel, Francia y Reino unido contrincantes de Egipto   país al que  Colombia  estaba ayudando  por pertenecer al grupo de las Naciones Unidas y por esa razón enviaban  refuerzos para esta guerra, algo ilógico en mi pensar ir de carne de cañón a pelear por un país que ni sabían que existía ni conocían el nombre de su presidente; Pero así es la milicia,  a donde te envíen tienes que ir y al regresar  de la guerra sano y salvo Reynaldo  contrajo nupcias con una joven muy hermosa llamada Emma -(mi adorada madre)- de cuya unión nacieron: María Eugenia, María Inés, Reynaldo, Aquileo, Julio Cesar, Emma Emilce, Libis, Luz Stella y Doris.
Al llegar mi tío a casa en estado  delicado de salud, sin poder caminar , debilitándose cada día, en las noches mis padres le hacían masajes en los pies porque los tendones se le recogían por exceso de múltiples calambres  y le producían gritos de dolor.
Al observar mi madre las pertenencias que llevaba mi tío  lloró de tristeza  al pensar  que  en otrora era el cuñado  más acaudalado y verlo en ese estado,  pasando sus últimos días completamente abandonado y sin un  centavo, solo una cama vieja, un baúl deteriorado, unas mudas de ropa en una caja de cartón, una estufa cubierta de hollín y muy enfermo.
El baúl estaba muy deteriorado, las patas partidas, las agarraderas sueltas y la lámina protectora rota, por dentro solo tenía caca seca de gallina y al preguntarle mi madre ¿Por qué ese baúl estaba en ese estado? comentó que era el refugio de las gallinas, donde ellas ponían sus huevos y encubaban los pollitos convirtiéndose en su hábitat, porque   donde él vivía no había patio para los animales.  Ese día le regaló el baúl a mi madre para que lo llevara al corral de los pollos y lo abriera convirtiéndose en el lugar donde las gallinas ponían sus huevos (Mi madre siempre mantenía un corral con pollos y gallinas ponedoras para el consumo personal y para la venta y con eso ayudar para el estudio de los hijos).  Después de agravarse su estado de salud   fue hospitalizado y duró varios meses en la capital antes de morir y mi madre mantuvo el baúl en el patio sirviendo de refugio a los pollitos recién nacidos.

En el año 99 hicieron una exposición en Santa Marta sobre baúles antiguos y estando en una diligencia me acerqué a deleitarme con esas hermosas reliquias expuestas; Los expositores hacían un llamado a las personas propietarias de baúles antiguos, ellos restauraban y dejaban como nuevos. En ese instante mi imaginación voló al baúl de mi madre imaginándolo restaurado, y decidí llamarla por teléfono pidiéndole me lo   obsequiara y ella entre risa y risa me trató de loca por querer recuperar lo inservible y al decirme que ese baúl olía solo a caca de pollo, las latas se estaban cuarteando y estaba muy acabado, pero yo le hice saber que su estado con una restauración quedaría hermoso.

Mis padres vivían en el pueblo junto a una de sus hijas menores,  los otros habían partido a tierras caribeñas donde formalizaron sus hogares  y a  finales del año 99 mi madre nos visitó por motivo del matrimonio de mi hermana Libis;  Arribó  muy agobiada y triste debido a la pena moral que le estaba causando el secuestro y desaparición forzada de mi hermano mayor Reynaldo por grupos paramilitares, un dolor muy grande causado por su hijo más querido que sin tener razón alguna sobre su destino vivíamos esa incertidumbre como miles de familias en Colombia, ella se estaba agotando del llanto y la pena moral  que le cobijaba el secuestro de su hijo a tal punto que falleció a comienzos de Marzo del año 2000,  llevándose con ella el dolor y la incertidumbre de no saber sobre el destino de su hijo, dolor que muchos en Colombia padecemos.

Pasados varios meses de la muerte de mi madre aún seguía con la idea de la restauración del baúl y  decidí traerlo  para mi casa con el fin de arreglarlo,  y dirigiéndome   a uno de los ebanistas  que meses antes ofreció el servicio de restauración en la exposición de antigüedades  de Santa Marta y conocedora del excelente trabajo que realizaba en talla de madera y restauración de antigüedades  le comenté sobre mi  baúl y su estado,  en miras a  la posibilidad de reconstrucción.  El señor inmediatamente al verlo se dio cuenta de la   reliquia invaluable que tenía en sus manos asegurándome hacer lo posible por dejarlo como nuevo, pero se llevaba tiempo y paciencia, por eso lo trasladamos hasta su taller y le mandé hacer un soporte de cuatro patas en madera tallada para el piso. 


En la tarde del siguiente día el ebanista llegó a mi lugar de trabajo pidiéndome lo acompañara para mostrarme algo referente al baúl e inmediatamente me dirijo y al llegar vi algo maravilloso a la entrada de su taller: Un baúl forrado en cuerina tallada y con soportes laterales, esquineros en color bronce, me quedé estupefacta y en voz alta le dije al ebanista: ¡Qué belleza!  ¡Hermoso!  ¡Increíble!  "Así he soñado, con un baúl de esa forma" ¡que hermosura! Le pregunté sobresaltada ¿Quién es el dueño de esto tan bello? y el mirándome a los ojos con sonrisa pícara me dijo: "La única dueña de ese baúl eres tú" algo que me dejó asombrada ¿Cómo podía ser yo la dueña de ese baúl?

Luego de un rato explicándome el porqué de mi baúl; Recuerdan que tenía una lámina gruesa que lo forraba y estaba deteriorada y quebrada, el señor tan pronto retiró esa lata de las paredes externas del baúl encontró bajo ellas el verdadero material del cual estaba fabricado:  la cuerina tallada a mano intacta y la fecha impresa en ella y en ese momento me entregó una moneda del año 1900 que según el   reposaba dentro de esas paredes de lata y madera.  Algo increíble como en cientos de años la lata que envolvía esta reliquia lo protegía  del sol y el agua, el material estaba intacto  solo se le adecuó el terciopelo interno y los soportes del piso en madera tallada que hiciera juego con la talla del cuero, mi felicidad era tan grande como la cara de alegría que tenía el ebanista por esta reliquia, yo lo veía muy feliz incluso  más feliz que yo a tal punto que me  dijo no cobrar un solo peso  por la restaurada del baúl porque era un honor para el que esa reliquia hubiese llegado a sus manos, no dejaba de sorprenderme  pero le agradecí inmensamente, después  entendí cuál era el motivo de su inmensa alegría.

Pasados unos meses me visitó una persona a mi casa y al ver el baúl quedó encantado con su restauración y me pidió llevarlo al taller de mi ebanista para que adecuara uno suyo, en ese instante decidí ir a buscarlo  pero al llegar, no lo encontré, vi cerrado el lugar, me extrañó sobremanera porque este señor siempre estaba activo en su lugar de trabajo y al preguntarle a uno de los vecinos sobre ¿Cuál sería el motivo por el cual el señor no estaba trabajando? me sorprendió su respuesta: No.  No amiga.  Mi vecino no vive ahora en este municipio, el desde que se ganó la lotería  cuando  se encontró una guaca que se yo dónde o en qué lugar o de qué forma, él vive en Barranquilla, lo único cierto es que acá compró casi todas las casas del barrio y las tiene en renta, le compró carro a sus hijos y ahora tiene el negocio de prestamista, es paga diario y le va muy bien, por acá solo viene los fines de mes a cobrar los arriendos.  ¿Cómo así, se ganó la lotería? -Pregunté sobresaltada- Creo que fue una guaca o algo así que se encontró, pero no tengo conocimiento en donde - me contestó el hombre-  el no comentó  de qué forma, lo que si es cierto  es que  ahora está muy bien, gracias a Dios que le da bendiciones a las personas buenas, ¿No crees tú mi doña?.  Si. si. Si claro,  claro le respondí con tono de suspicacia y pensando en la guaca que se había encontrado el ebanista, estaba segura que en medio de esa lata gruesa y la cuerina tallada de mi baúl no solo había encontrado monedas del año 1900 sino había encontrado algo muy bien conservado y valioso y en  ese instante entiendo lo que siempre se ha leído sobre las guacas, que no son para la familia de quien las guarda sino para gente sin parentesco,  las encuentra y las disfruta, por eso no se me borraba de la mente la cara de felicidad que tenía el ebanista el día que mostró el baúl sin la lata protectora.  ¡Estoy segura que la guaca estaba en mi baúl! Pensé con rabia interna. No he vuelto a encontrarme con el ebanista, quizá algún día suceda  y me explique la procedencia de su guaca, varias personas   que lo conocen me han comentado que tiene una enfermedad muy extraña, quiera Dios que se salve de esa.

Ahora  el baúl reposa  en la sala principal de mi casa,  donde recibe a todas las personas que visitan mi hogar y  está allí lleno de recuerdos y añoranzas  como queriendo contar miles y miles de secretos que guardan sus paredes   donde todos  los días convive con los recuerdos de mis ancestros.

 

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Comentario por EMNA CODEPI "Pintura-Poesía" el enero 3, 2018 a las 8:13pm

Gracias Ingrid por tu comentario, me alegra que te haya gustado mi historia.. Un abrazo y muchas bendiciones

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