‘Renoir’, un film de Gilles Bourdos sobre el gran pintor impresionista, que incluye también a su hijo Jean Renoir, más tarde uno de los grandes cineastas franceses
“Una joven venida de ninguna parte, enviada por una muerta”, exclama Renoir (Michel Bouquet) al conocer a Dedeé, una chiquilla de pueblo que ha sido encomendada por su recién finada esposa para servirle al pintor como modelo.
“Ticiano la hubiera venerado”, opinaba poco después el artista de esta muchacha caída como por encanto al final de sus días, quien fuera el más perfecto desnudo femenino que tuvo el pintor. Pero su sublime deseo por Dedeé (Christa Theret) no pasa de lo estético. Ansias más voluptuosas las experimentará el hijo (Vincent Rottiers), quien regresa a casa como soldado convaleciente de una herida de guerra y es deslumbrado por la sensual belleza de la muchacha que posa desnuda para su padre.
Estamos en 1915, en plena Primera Guerra Mundial y Renoir hijo, quien más tarde se convertirá en uno de los más célebres cineastas franceses ( La grande illusion) tiene 21 años y es, aquí, solo Jean. La época y el título del filme de Gilles Bourdos se centran principalmente en Pierre-Auguste Renoir, el gran pintor impresionista.
Realzada por melodiosa música, entre el verde de los jardines silvestres que irradian luz, y tras cortinas y columnas de la residencia de Renoir, la trama se devela lentamente.
La ubicación central es una casa frente al mar de la Riviera Francesa, cuyos habitantes: el pintor, la modelo, el hijo convaleciente, otro –el menor–, niño misterioso y huraño –que perderá fuerza al final como personaje– cohabitan junto a una corte de criadas atentas a todos los quehaceres, que planchan, cocinan, bañan al anciano aquejado por la enfermedad en nocturnas crisis, y a la luz del sol resucitado por su arte y su musa.
Negado a reflejar en su arte la miseria, la muerte y la guerra a la que se han entregado patriótica-mente sus hijos, Renoir solo quiere pintar la sublime belleza expresada en un cuerpo de mujer. Mientras Jean, que insiste en regresar al campo de batalla, se lleva el protagonismo y el amor de Dedeé. El impreciso idilio entre ambos tarda en concretarse, y luego de exhibir tantos desnudos, el director le pone un velo al esperado encuentro carnal.
El pintor, su hijo y la musa, un curioso triángulo con fondo de guerra, todo apunta a culebrón cinematográfico de primera, pero el filme, huyendo de lo superficial, oculta más de lo que muestra con una historia que se desarrolla lenta .
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El tunecino Abdellatif Kechiche puso hoy en Cannes la sensibilidad, la sensualidad y la sexualidad con "La vie d'Adèle", un filme bien acogido y que seduce con la recreación con la que el realizador cuenta la relación entre dos jóvenes, interpretadas por Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux
Kechiche llevaba tiempo queriendo llevar al cine la idea del "amor a primera vista, del primer deseo", explicó hoy el realizador al presentar este filme, una coproducción de España, Francia y Bélgica, que compite por la Palma de Oro en Cannes.
Es una película sobre cómo un encuentro va a conmocionar la vida del personaje principal, Adèle, una joven de quince años que no está muy segura de su sexualidad.
"La historia se desarrolla en los años noventa, en un contexto militante que preferí evitar para concentrarme en el encuentro, en la dificultad de vivir juntas", especialmente por la diferencia del medio social del que proceden, explicó Kechiche ante la pregunta de si pretendía hacer de su película una abanderada de la libertad sexual.
Porque "La vie d'Adèle" se centra en el descubrimiento del amor por parte de la protagonista, de cómo se da cuenta de que le gustan las mujeres, en un momento, la adolescencia, muy complicado para hacer entender a su entorno cuáles son sus sentimientos.
La película muestra con gran realidad ese momento, la relación de Adèle con sus padres y con sus compañeros de colegio, que no entienden por lo que la joven está pasando.
Gran parte del peso de esa veracidad que destila la película recae en la joven Adèle Exarchopoulos, que interpreta su papel sin falso pudor y dejándose llevar por el camino que le marca el director, que resulta por momentos demasiado voyeurista.
Pero la película se alarga hasta las tres horas, para muchos es demasiado, pese a lo cual Kechiche se ha quedado con ganas de contar más sobre Adèle.
Además de una "noción de juego" que el realizador incluye en el rodaje de esas escenas, en las que implica las emociones de los personajes. "Es divertido para los actores interpretar algo que no les pertenece".
Una película que pese a sus explícitas imágenes ha conseguido ser vendida ya para el mercado estadounidense y sin tener que cortar nada, aunque hay países más complicados en este aspecto.
"Considero que el cine inspira a expresar algo artístico", pero también hay una dimensión financiera y comercial importante, explicó el realizador, que señaló que no le molesta cortar algo para evitar la censura de un país y que su trabajo pueda ser exhibido, pero no si es la mayor parte del metraje.
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Una sala llena acogió de pie y con aplausos al mito viviente de la comedia estadounidense, Jerry Lewis, quien acudió hoy a un pase especial de su última película, "Max Rose", con el que el Festival de Cannes le rendía tributo
La elocuencia de esta mañana que desató las carcajadas de los periodistas en la rueda de prensa se quedó esta noche en un "me quiero sentar" que, saliendo de su boca, hizo sonreír a la audiencia, mientras dejaba en evidencia el peso de sus 87 años.
El equipo de la película, encabezado por el director Daniel Noah, descendió las escaleras de la sala que se construyó con motivo de la sexagésima edición del certamen, mientras que Lewis accedió por una puerta lateral, debido a sus dificultades motoras.
Inmediatamente tomó asiento, y cuando el delegado general del festival, Thierry Frémaux, le preguntó si quería decir algunas palabras antes de que se encendiera el proyector, el actor de "Mi amiga Irma" (1949) respondió, como si de un "gag" se tratara, un sonoro "no", que provocó la risa entre el público.
Los fotógrafos profesionales y los asistentes armados de cámaras de fotos se amontonaron junto a las butacas para intentar retratar a un actor de otra época, con sesenta años de vida en la pantalla, que conserva la vitalidad y el humor.
Acudieron a este pase honorífico algunas personalidades del cine presentes en Cannes, como las directoras Isabel Coixet y Agnès Varda, ambas representantes del jurado de la Cámara de Oro, galardón al que opta "Max Rose" como ópera prima. Frémaux también agradeció su presencia al actor Daniel Auteuil, miembro del jurado de la competición oficial.
Lewis encarna en esta película a un pianista de jazz retirado que, tras la muerte de su mujer, descubre que su idílico matrimonio de más de medio siglo, no era tan perfecto como aparentaba.
Originario de Newark, en el estado de New Jersey (Estado Unidos), Lewis, en sus inicios, formó pareja humorística con el actor y cantante Dean Martin, hasta que en 1956 decidió continuar en solitario.
Con alrededor de setenta filmes a sus espaldas, Lewis es recordado por sus papeles en "Vaya par de marinos" (1952), de Hal Walter, o "Un chalado en órbita" (1966), de Gordon Douglas.
Además de por sus propias cintas, como "El terror de las chicas" (1961), "El profesor chiflado" (1963), "Jerry calamidad" (1964), "Tres en un sofá" (1966) o "¿Dónde está el frente?" (1970).
El Festival de Cannes honra con la proyección de "Max Rose" a un referente de la historia del cine cuya mayor recompensa es el haber hecho reír a espectadores de todas las edades y de todo el mundo.
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"La jaula de oro", coproducción hispano-mexicana que compite en la sección "Una cierta mirada" del Festival de Cannes, ha llevado al corazón cinematográfico mundial una historia que su director, el español Diego Quemada-Díez, define como un "poema épico" sobre la emigración
El viaje clandestino de tres adolescentes guatemaltecos hacia Estados Unidos le sirve para acercar la mirada hacia una problemática que a menudo criminaliza a sus protagonistas, y que pocas veces indaga en las razones y en las vivencias experimentadas.
El director, que tras haber vivido los últimos 18 años en Estados Unidos y México contaba con la perspectiva de ambas visiones, entrevistó a más de 600 emigrantes y desde el momento en que habló con ellos dijo haber sentido que "eran héroes que estaban arriesgando su vida" y que tenía que contar su historia.
Quemada-Díez concentró en sus tres protagonistas los testimonios recogidos, y los puso en la piel de unos adolescentes y de actores no profesionales buscando a la vez un mayor realismo e impacto emocional, con ese mismo método inspirado, según él, en el "neorrealismo y la nouvelle vague".
En el argumento de este proyecto encontró además todo los elementos necesarios para extender su denuncia al materialismo imperante en la sociedad occidental, "tremendamente destructivo", a su juicio, "porque cosifica al ser humano".
Por eso, el tren al que se van subiendo y bajando sus protagonistas adquiere un papel protagonista y, según añade su director, también metafórico.
"Que la película haya llegado al Festival de Cannes, donde coexisten en doce días toda la frivolidad y el glamour que rodea al cine con la programación de películas de mayor profundidad, le parece, además de sorprendente, una oportunidad privilegiada de denuncia social.
"Que la voz de los migrantes pueda ser escuchada en el mejor festival del mundo es muy importante para la comunidad mexicana y centroamericana que vive en Estados Unidos", añadió el director, que se ha nutrido de la experiencia adquirida al trabajar con grandes de la industria, como Oliver Stone o Ken Loach.
"No creo que haya democracia en estos momentos, ni en España ni en Estados Unidos, y esperemos que podamos ir despertando para crear una sociedad más justa y no pensar que lo van a hacer por nosotros", concluyó el cineasta, que por ser esta su ópera prima aspira además a la "Cámara de Oro".
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Con 87 años y una energía desbordante, Jerry Lewis se hizo el dueño de Cannes con humor, ironía e inteligencia. Dijo ser un "payaso loco", aseguró que Cary Grant y Burt Reynolds eran "las" mejores humoristas que había conocido y desconcertó a todos al bromear sobre Dean Martin
"Dean Martin. Está muerto, ¿lo sabe?", afirmó muy serio el actor ante la pregunta de un periodista por la relación entre ellos. Y ante las carcajadas de los asistentes añadió: "Cuando llegué aquí y vi que no estaba supe que algo iba mal".
Lewis está en Cannes para presentar, fuera de competición y en sesión especial, la película "Max Rose", en la que interpreta a un pianista de jazz retirado que, tras la muerte de su mujer, descubre que su idílico matrimonio de más de sesenta años, no era tan perfecto como aparentaba.
Con jersey rojo y camisa amarilla, Lewis entró caminando con cierta dificultad en la sala de prensa donde recibió un caluroso aplauso por parte de los periodistas, ya entregados antes de empezar la intervención del cómico.
Lewis tomaba fotos con su cámara a los fotógrafos que le captaban a él, interrumpía a sus compañeros de equipo y contestaba cualquier cosa cuando una pregunta no le parecía interesante o, simplemente, no la escuchaba bien.
"¿Por qué está usted gritando?", interrumpió el actor a un periodista que hacía una pregunta, a quien pidió que bajara el tono de voz. Cuando volvió a tomar la palabra, Lewis apostilló: "habla más alto".
Y a una de las azafatas que pasaba el micrófono le preguntó: "¿Está usted esperando un sitio?".
Entre las bromas, las risas y su evidente sordera, Lewis se perdía en algunas de las preguntas, cosa que no le importaba en absoluto. Decía muy serio por detrás a sus compañeros de filme: "estoy diciendo cualquier cosa y cree que estoy contestando a la pregunta".
Los aplausos y las risas interrumpieron en varias ocasiones una rueda de prensa que precedía al homenaje que esta noche le dedicará el Festival de Cannes a uno de los actores cómicos más importantes de la historia del cine y cuyo único Óscar es un premio humanitario recibido en 2009.
El protagonista de "El profesor chiflado" parecía que bromeaba hasta cuando hablaba en serio, como cuando dijo que una película que rodó en 1972, "The Day the Clown Cried" y que no se ha estrenado nunca, es demasiado mala para que la vea nadie.
Y especialmente contento del papel que interpreta en "Max Rose", tan alejado de cualquier cosa que haya hecho antes.
Un drama, completamente diverso de la comedia, el género en el que mejor se ha movido el actor, es el regreso de Lewis al cine después de 18 años en los que tan solo ha hecho algunas apariciones en series televisivas.
En una de ellas, "Ley y orden. Unidad de víctimas especiales", coincidió con Richard Belzer, que acompañó a Lewis en Cannes, sentado entre los periodistas de la sala.
En "Max Rose", el realizador Daniel Noah buscaba a un actor para hacer el papel protagonista y en un primer momento pensó en Dustin Hoffman o en Robert de Niro, pero quería a alguien de más edad y el papel recayó en Lewis.
Pero eso fue lo que hizo porque el guión era el mejor que leía en 30 años, le encantó y decidió hacerlo. "Fue (una decisión) muy rápida. Trajo tres millones y dijo, eso es perfecto", explicó el actor entre las risas de los periodistas y de sus compañeros de la película, entre los que se encontraba el compositor francés Michel Legrand.
Pero entre broma y broma, el actor tuvo tiempo también de lamentar que a la gente mayor se le ponga a un lado y no se les preste atención, de pedir que el amor siga siendo el valor que mueva todo y de sentenciar con una definición del humor.







































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